Marrakech

[Enero 2015] Aprovechando que Ryanair tenía vuelos tirados de precio a Marruecos, decidimos irnos unos días después de navidades.

Las primeras impresiones sobre Marrakech no son malas. Si que se nota más pobreza que en España, sobretodo al llegar a la parte de la Medina. Las calles son muy estrechas y laberínticas. Encuentras muchísimos niños dispuestos a llevarte donde sea por un par de monedas.

Al contrario que en los balcanes, las mezquitas aquí son de uso exclusivo religioso, no permitiendo visitas turísticas. Según paseas por la medina es habitual encontrarte callejones que van a dar a una mezquita por los cuales no deberías pasar siendo turista.

Es muy habitual encontrarse gente que quiere llevarte a X mercado, X puesto o lo que sea también pidiendo dinero por ello. Muchos ratos te sientes agobiado y acosado con tanta obsesión con vender. Nosotros empezamos la visita a la Medina por la zona de los curtidores. El olor es horrible, pero nunca habíamos visto cómo se trata la piel antes de usarla para bolsos, abrigos y demás.
Como consejo, antes de comprar nada, conviene revisarlo aunque te lo intenten quitar de las manos, pues hay piezas con defectos bastante gordos que te van a intentar colocar a toda costa.

La plaza más famosa de Marrakech es todo un espectáculo. Depende de la hora a la que vayas habrá unos puestos u otros, pero siempre hay muchísima vida. Aquí también hay que tener cuidado con los que te intentan vender de todo. En mi caso, vino una mujer que hacia tatuajes de henna a ofrecermelo. Le dije que no varias veces y lo que hizo en cuanto me giré fue cogerme la mano y empezar a pintarmela. Y después con toda su jeta, pedía 40€ que obviamente no le di.

Decir que estar por la plaza y sus alrededores, donde las calles no son tan estrechas es todo un alivio, no solo por la gente, sino porque puedes respirar sin tener que tragarte el humo de las motos…


Aparte de los mil zocos que hay por Marrakech, las atracciones turísticas sí que merecen la pena. Para moverse por allí se pueden coger taxis, que los precios son muy asequibles, aunque la sensación de seguridad no es muy alta por su forma de conducir…

Para descansar un poco de zocos y agobios, alquilamos un coche y nos vamos a conocer el Marruecos de verdad, en las montañas del Atlas. La carretera es estrecha, pero no es tan horrible conducir por allí como parecía al principio.
Antes de llegar a Ansí, en un paso del río, hay varios grupos bereber, con los camellos. Aprovechamos para tomar un té de menta, ya que mi hermano no se encuentra nada bien. Lo malo de la comida árabe especiada es que no eres consciente de si está en mal estado, cosa que le pasó al pobre.

Tras la parada, seguimos hasta Imlil, un pueblo pequeñito en las faldas del Toubkal. Y de allí, a Ansí. Solo son 17km, pero tardamos más de media hora, porque ya no hay carretera asfaltada, sino un camino de tierra. Allí habíamos quedado con un amigo del dueño del riad, que nos lleva a comer a su casa. El pueblo es totalmente de documental. En las casas no hay ni agua, ni luz. Eso sí, con toda su hospitalidad nos saca tajin de pollo, té y pastas de almendra.

Según andas por el pueblo se ven ovejas, gallinas y demás animales sueltos. De vuelva a Marrakech paramos en Moulay Brahim, donde hay un mercado. Me llama muchísimo la atención que en la carnicería el pollo lo compras vivo para matarlo por el rito halal. También da bastante asquete ver la cabeza de una vaca colgada escurriendo sangre…
El mercado es de lo más variado y animado, con gente bailando y tocando, grupos de mujeres pintándose con henna. Se empieza a hacer de noche y allí tampoco hay luz en muchas casas. Es el momento de volver.
Por el camino, se ven varios pueblos en lo que tampoco hay ninguna luz y gente andando por la carretera, que es lo mejor cuando es estrecha y mala, ya sabéis…

Para contrastar el día, vamos al Gueliz, el barrio europeo de Marrakech. Allí la mayor parte de mujeres no llevan el pelo tapado, hay tiendas de ropa europeas de lujo y franquicias como KFC.

En general, el viaje a Marruecos ha sido toda una experiencia. El ver el contraste entre la pobreza y la riqueza dentro de una misma ciudad, los olores según caminas por la medina, la paz y tranquilidad que se respira en los palacios… Marruecos es un sitio donde me gustaría volver, obviando tantísimo zoco, eso sí.

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