Cuenca con perro

[Diciembre 2018] Gracias al viaje que hicimos a Galicia, mi perrete ganó el perricheque dogvivant! El destino que elegimos fue Cuenca, más concretamente, la Casita de la Abuela Paula.

Su anfitriona nos avisó con tiempo de que en estas fechas era posible hacer una visita guiada a la catedral de Cuenca con música, pero que las entradas vuelan entre gente de la propia ciudad, así que aprovechamos en cuanto nos lo dijo!

Para coger fuerzas de subir al casco antiguo, comimos en Recreo Peral, muy cerquita del apartamento. Cuenca en sí es pequeñito, se puede llegar a todos los sitios andando, eso sí, cuestas hay. Nosotros para evitarnos la primera parte de cuesta, aparcamos en lo alto. Hay un parking gratuito allí y unos miradores que merece la pena ver.

Todos los puntos turísticos están muy cerquita unos de otros. En esta ocasión, perrete nos acompañó, hasta que llegó la hora de la visita a la catedral, que él tuvo que esperar en el apartamento.

Una vista muy recomendada es la que se ve desde el parador, en el antiguo convento de San Pablo. Y ya desde allí, cruzar el puente y visitar las casas colgadas.

Para el día siguiente, nuestro plan fue ir a la Ciudad Encantada. Antes de llegar allí, fuimos hasta la laguna de Uña. Por el camino, está el Ventano del Diablo, punto que aparece en muchas de las recomendaciones de qué ver en Cuenca.

La ciudad encantada es un parque en el que podemos ver un paisaje kárstico y admirar sus formaciones. La entrada tiene un precio de 5€ por persona, 6€ si la quieres guiada. En mi opinión, es muy recomendable hacerla guiada si quieres ver “algo más que piedras”.
En la visita nos permiten que nuestros perretes nos acompañen, siempre y cuando vayan atados. Incluso en la visita guiada pueden ir. Lo único, nos comentó el guía que en época de procesionaria no permiten la entrada a perros para evitar incidentes. Se puede llamar por teléfono para confirmar antes de ir.

Para terminar nuestra visita a la provincia, comimos en Valdecabras, en el sitio que nos había recomendado nuestra anfitriona y también el guía de la Ciudad Encantada. Lo malo, los perros no pueden entrar en el restaurante.

Ya de vuelta a Cuenca, y dejando a perrete en casa, volvimos al parador para ver el puente de día. Siendo aún pronto, bajamos a la zona centro “moderna”. Es impresionante la vida que tiene la ciudad para ser pequeña. Todos los bares de la calle San Francisco estaban a reventar (y con razón!).

En definitiva, Cuenca es un sitio perfecto para una escapada de fin de semana. Con muchísima naturaleza a 2 pasos (literalmente) de la capital, con sus cosas culturales y su parte gastronómica. Y si vais con perro, no dudéis en contactar con La Casita, que fijo que os gusta!

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