Finlandia

[Diciembre 2018] ¿Qué hay mejor que viajar en invierno a un país escandinavo? Como teníamos ganas de disfrutar un invierno de verdad, decidimos irnos al norte de Laponia en Diciembre!

Miércoles 5: El viaje empezó en Helsinki. En la estación central hay consignas de un tamaño suficiente para guardar maletas tamaño sarcófago y poder disfrutar de la ciudad. Los dos habíamos estado, así que obviamos la visita a la fortaleza de Suomenlinna. En caso de no haber estado y tener un rato en Helsinki, a mi me pareció lo más chulo de la ciudad. Lo bueno de que fuera diciembre es que los mercadillos de navidad tan típicos por Europa ya estaban montados. Llama la atención la obsesión finlandesa por las saunas, que hasta tienen una en el mercado. También, están tan acostumbrados al frío que los centros comerciales del centro están comunicados por dentro, de forma que puedes entrar en uno y salir 4 manzanas más allá sin darte cuenta de por dónde has salido.

Nuestro viaje a Laponia es en autobus, con la empresa timetravels, que se encargan de todo. Hacía muchísimo tiempo que no hacíamos un viaje tan largo en autobús, pero fue muchísimo menos pesado de lo esperado. El grupo era todo gente joven, muchos erasmus, aunque también gente que viajaba por libre.

Jueves 6: Es el día de la independencia finlandesa, pero en los sitios turísticos ni te enteras de eso. La primera parada fue el zoo de Ranua. Está montado tipo reserva de la naturaleza. Sigue siendo igual de cruel que otros zoos en el sentido de que los animales están en cautividad, pero al menos, son todo animales que se dan en el ártico. Es impresionante poder ver tan cerca a un oso polar jugar con un cacho de hielo o a un lobo corriendo a 2m de ti.

De allí, fuimos hasta Rovaniemi, conocido por ser la aldea de Papá Noel. Lo que tienen allí montado no dista mucho de un resort de invierno temático. Hacen las mismas actividades de invierno que en el resto de Laponia: trineos de huskys, trineos de renos, motos de nieve, ski… El tema de Papá Noel no está tan explotado como esperaba. Una de las cabañas del resort era “su casa”, donde te podías hacer una foto con él. Por lo demás, todo lo demás eran tiendas, cafeterías y alojamientos. La particularidad de Rovaniemi es que estás entrando en el círculo polar ártico. Allí ya pasa a ser habitual el ver a la gente vestida con ropa de ski en vez de con vaqueros como íbamos nosotros después de tantas horas de autobús.


Tras otras 3h de autobús por la nieve (literalmente, no hay problema en conducir por encima) llegamos a Saariselkä, nuestro destino. Nos organizan en distintos cottage, a compartir con gente del autobús. Tenemos la suerte de caer con 2 chicas alemanas y una pareja australiana, que harán muchísimo más agradable nuestra estancia en Laponia.

Como ya comenté antes, esta gente tiene obsesión con las saunas, que también había una en nuestro cottage (¿Cómo se quita de la cabeza cottages & saunas de Korpiklaani así?).

En nuestra primera noche, hacemos por cenar todos juntos con los que serán nuestros compañeros durante una semana. Tras la cena y con un cielo totalmente nublado nos vamos a la caza de la aurora. Supongo que será suerte, haberle rascado la barba a Papá Noel para “aurora luck” o que el karma nos la debía del viaje a Islandia, pero se despejó totalmente el cielo en los primeros 5 minutos y pudimos verla. Es una sensación tan indescriptible, que da igual que haya -15º y estés tumbado en la nieve, no eres consciente de tener frío.

Viernes 7: Hoy es el primer “día” de noche polar. Es decir, el sol no llega a levantarse en el horizonte. Desde la ignorancia pensaba que cuando se habla de noche polar iba a ser realmente de noche, pero no. Es como un día nublado. Hay luminosidad durante varias horas y el atardecer dura más de 4h.
Nos tomamos el día de relax, ya que no hemos cogido ninguna de las actividades que ofertaban, para poder descansar después del viaje en bus. Aprovechando que tenemos la sauna en casa, hay que probar qué se siente al hacer un ángel en la nieve en ropa interior! Saariselkä no deja de ser un Benidorm de invierno. Quitando el supermercado, el resto de cosas están orientadas al turismo. Tiendas de recuerdos, bares, restaurantes y empresas de actividades.
Hoy el cielo está tan nublado que la posibilidad de ver auroras se nos escapa de las manos. Nos dedicamos a hacer vida a la finlandesa: sauna y cerveza.

Sábado 8: Cuando salimos de casa aún es de noche. Hoy son dos de las actividades más esperadas. Nos vamos a una granja de huskys a montar en trineo! Puede parecer una crueldad animal, pero ellos están felices corriendo por la nieve y la norma principal es que les ayudes en caso de haber cuesta arriba. En nuestro trineo hay un perrete que es como el mío. Corre por donde le da la gana, se para y va totalmente a su bola. Es una sensación increíble, el ir conduciendo un trineo mientras ves a estos perretes correr felices.
Mientras el segundo grupo monta el trineo, esperamos en una cabaña donde nos dan un zumo de arándanos caliente (otra obsesión finlandesa…) y nos dejan jugar con un cachorro. De ahí si que es difícil irse y no de IKEA…

Por la tarde tenemos la actividad de motos de nieve. Al principio yo no estaba segura de coger la actividad, porque era la más cara del catálogo y no le veía tanta gracia, pero gracias a la insistencia de mi hermano, la acabamos cogiendo. Hay que reconocer que molaría más que te dejen ir a tu bola con la moto en vez de hacer un paseo todos juntos, pero aún así, mola el ir conduciendo la moto por la nieve, aunque controlar la dirección es excesivamente complicado. A medio camino, paran en una tienda tipo india a hacer un fuego, calentar el zumo y descansar.

Hoy también nos quedamos sin ver auroras, el cielo está completamente cubierto y no para de nevar.

Domingo 9: Hoy nos vamos de excursión al océano Ártico en Noruega! La primera parada es en Näätamö, justo antes de la frontera. Empezamos el día como verdaderos Finns, desayunando costilla de cerdo con cerveza, por recomendación de nuestra guía. Estamos tan al norte que a las 10 de la mañana prácticamente no ha amanecido.


Según cruzamos la frontera, nos paran a ver las cascadas que hace el río Neiden. Toda la zona es preciosa, con mogollón de lagos helados.
En tema de población, las distancias entre los pueblos son más largas que en Castilla y los servicios bastante escasos. En toda la región de Inari viven unas 6 mil personas.


En nuestra llegada a Bugoynes paramos en un alto para hacer fotos y ver las vistas del “fin del mundo” pues todo lo que hay hacia arriba es océano. El paísaje es genial, pero el frío es horrible. Con esta temperatura hay que concienciarse de que nos vamos a bañar en el mar.
Antes de ir a bañarnos, vamos a comer una sopa de pescado a un restaurante local, donde el dueño nos suelta la chapa durante toda la comida (40min) y llama la atención que ya vuelve a ser noche cerrada pese a que son las 12 de la mañana!
La sauna donde vamos, porque obviamente tiene que haber sauna de por medio para bañarse, está directamente en la playa. Es de las que molan, de leña y no electricas. La primera sensación al ponerse el bañador es un frío insoportable. Pero tras unos 15 minutos en la sauna estás metido en ambiente. Te sales a la nieve y vas hacia el mar a meterte. Esto sí que es una sensación extraña, pues nunca había sentido lo que es que la nieve se te meta entre las chanclas! La sensación del agua fría en el océano tampoco está tan mal. Tu piel está tan caliente que sientes liberación incluso.

Al acabar con los chapuzones nocturnos, nos volvemos a montar en el bus de vuelta hacia Inari. Pese a ser la ciudad grande, para nosotros no llegaría ni a pueblo pequeño.

Cuando llegamos al cottage, cogemos los trineos y a disfrutar como enanos con la nieve. Después un ratito de sauna, antes de salir a la caza de auroras. Esta noche no tenemos suerte, pero tiene su gracia estar haciendo fotos con nieve hasta las rodillas mientras le cantas a la alemana “we are here to drink your beer!“.

Lunes 10: Hoy se acaba nuestra aventura ártica. Tenemos que dejar el cottage prontito y dejar el equipaje en el bus mientras tenemos tiempo libre. Aprovechamos el “día” para ir a hacer un pequeño “hiking” por el parque nacional de Urho. Para despedirnos de Saariselkä, vamos a probar la carne de reno a un restaurante local. Es el plato más caro de la carta, pero no podíamos irnos sin probarlo. El estofado no está malo, aunque el sabor es excesivamente fuerte. Sin embargo, en medallones de carne es un sabor excepcional.
De ahí nos esperan 15h de autobús hasta Helsinki, con sus paradas entre medias que nos permiten despedirnos de los compañeros de cottage que no viajan en el mismo autobús.

Martes 11: De la gente que vamos por libre aún quedamos bastantes por Helsinki. Aprovechamos la mañana para hacer cosas juntos. Nos vamos a la sauna y bañarnos en una piscina en el puerto de Helsinki, que aún no habíamos tenido suficiente! Tras comer todos juntos en el mercado, pasar un rato en la pista de patinaje y en general despedirnos, empiezan a irse hacia el aeropuerto.
A nosotros aún nos queda el descubrir el panorama metalero por Helsinki! Con las recomendaciones de “Helsinki for headbangers” vamos primero a Praha. Para mi, es totalmente decepcionante. Con la cantidad de bandas metaleras que han salido de finlandia que el sitio heavy que te recomienden ponga hard rock es decepcionante. Pero bueno, seguimos buscando. Vamos al Bäkkäri. Resulta que tiene una pinta poco heavy. Una chica local nos recomienda ir al Riff, que es del batería de 69 eyes. Y en serio, he visto ascensores con música más animada que el supuesto mejor bar de metal de Helsinki. Y este ni siquiera estaba abierto… He llegado a la conclusión de que si salen bandas buenas de allí es porque el panorama de fiesta es tan jodido que es preferible quedarse ensayando…

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Interrail por los Balcanes (VII) – Atenas

[Julio 2014] Y aquí concluyó nuestro viaje. Para ir de Estambul a Atenas no había opción de tren, ya que estaba en obras. Supongo que a estas alturas ya habrán terminado las obras, pero entonces la alternativa que te ofrecían era más de 20h de autobús. Mirando aerolíneas de bajo coste encontramos pegasus, que ofrecía el vuelo a un precio muy razonable y nos permitía no perder un día entero de viaje.

Para llegar al aeropuerto siendo 4 personas (que el canadiense que conocímos en Bulgaría se apuntó), cogimos un transfer privado, que nos vino a buscar al hostal y salió por unos 5€ por cabeza. Era la primera vez que viajabámos desde un país de mayoría musulmana y el subconsciente te traiciona muchísimo cuando hay tantas mujeres con burka…

Después de llevar 14 días de viaje y haber pasado por tantos bazares, no quedaba mucho presupuesto para gastar en hoteles, por lo que nos decidimos a probar couchsurfing. Por si no lo conocéis, es una plataforma que une viajeros con gente local. Normalmente se usa para poder dormir gratis en alguna ciudad o para conseguir algún local que te enseñe la ciudad. No se pide nada a cambio, pero hay que acordarse de que no es un hotel y que conviene hacer algo de vida común, que es un intercambio de experiencias para todos.

Nos aceptó en su casa un hombre palestino que trabajaba en la embajada. Nos vino a buscar al metro más cercano a su casa con un mercedes nuevecito con matrícula diplomática. Su casa era enorme, con 2 habitaciones y un sofá de estos que te puedes perder en él. Nos dice que como somos 3, podemos usar una habitación y el sofá sin ningún problema. Es una sensación muy extraña el estar en casa de un desconocido, donde te sientes totalmente vulnerable, pese a ser 3 vs 1.

El calor que hace en Atenas en verano es más insoportable aún que el calor de Estambul. Nos hace de guía una chica erasmus que conocí en Salamanca, lo cuál agradecemos, porque nos lleva a las terrazas más fresquitas que conoce y consigue que no nos muramos de camino… A todos nos suena la acrópolis de Atenas, pero es una ciudad que tiene bastante más. Todo el casco antiguo merece muchísimo la pena, sobre todo para los aficionados a la historia 😉 (Monastiraki y Plaka).

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Nuestro día termina en casa de nuestro anfitrión, haciéndo una tortilla de patatas, como buen español en el extranjero. Nunca he comido tanta tortilla como estando de erasmus…

Al día siguiente hacemos la típica visita a la acrópolis. Como recomendación, hay que pegarse el madrugón. No solo porque hace un calor horrible y no hay ni una sola sombra, sino porque llegan las excursiones de los cruceros y es imposible ver nada de una forma tranquila. Como detalle, tanto la visita a la acrópolis como el museo era gratis si se tiene carnet de estudiante. En principio ponían que admitían solo el carnet ISIC, pero con el de la USAL no nos pusieron ninguna pega.

Para esta visita, si tenéis algún amigo que entienda del tema sería maravilloso secuestrarle, porque de por libre no te enteras de gran cosa. Tienen marcado el camino para que vayas subiendo al partenón, pero sin explicaciones pierde muchísima gracia. O quizás ahora que el roaming está incluido puedes ir mirando explicaciones en interné y hace una visita más agradable…

A esto me refiero que sin explicaciones pierde gracia xD
Y aún madrugando la cantidad de gente es horrible…

El museo en si tienen muchísimas cosas, algunas originales y otras copias de las que están en Londres. Si te gusta la historia es más que recomendable. Y sino, al menos tienen aire acondicionado.

Nuestra visita turística termina con el Ágora, la plaza Sintagma (y el cambio de guardias), la Universidad y la Academia

Por curiosidad nos acercamos a ver el estadio olímpico de Atenas 2004, que está totalmente abandonado.

El estadio que merece la pena ver es el antiguo, que está por la zona de la acrópolis.

Ya que estamos por allí, nos acercamos hasta el puerto del Pireo. Como cualquier puerto, no tiene gran cosa más allá de poder comer pescado rico a un precio más asequible que en la zona turística.

Para terminar nuestra visita, nuestro anfitrión nos sube con el coche a la colina de Lykavittos a ver las vistas.

Y con esto termina nuestro interrail, volviendo ya desde Atenas a Madrid.

En general, han sido 2 semanas de viaje de esas que te cambian la vida. La primera toma de contacto con países de mayoría religiosa distinta, donde no entiendes una sola palabra por usar cirilico. Con sus complicaciones en el idioma, con monedas distintas en cada país, costumbres distintas… Una experiencia única, que no me arrepiento nada de haber tenido.

Viajar con amigos nunca es fácil, y más en este tipo de viajes de tantos días, en los que el cansancio hace mella y no siempre hay buen rollo entre todos. Aún así, soy la primera dispuesta a viajar con amigos al fin del mundo, que al final, siempre hay buenas experiencias que contar 😉

Respecto a cosas prácticas:

  • En Croacia el equipaje paga aparte en los autobuses. Recordad quedaros con alguna Kn por si acaso.
  • Tanto en Bosnia como en Serbia se puede entrar solo con DNI español, aunque recomiendan tener pasaporte.
  • Para Turquía se necesita visado que se puede sacar online en https://www.evisa.gov.tr/es/ o pagando en efectivo en la frontera. Aunque se entre al país por carretera o tren, te registran el equipaje. Es un registro bastante leve, pero cuidado con el equipaje en los trenes, que se oyen casos de gente a la que le meten cosas en la maleta para poder pasar la frontera.
  • En Estambul el agua del grifo no se puede beber. Recordad eso en el aeropuerto (Sabiha Gokcen International Airport), que al pasar los controles no había ningún sitio donde comprar una botella de agua.
  • Pese a que Europa ahora comparta roaming, no está incluido en todos los países de los balcanes. Conviene confirmar, porque en Bosnia por ejemplo es bastante caro.
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Interrail por los Balcanes (VI) – Estambul

Llegamos a Estambul a las 5 de la mañana. Tenemos suerte de que el tío del hostal nos deja meternos en una habitación a dormir aunque no sea la nuestra (y sin pagar nada). Lo primero que hacemos en la ciudad es quedar con una chica de allí, que gracias al erasmus habíamos conocido en Maribor. 

Con ella vamos a ver la parte nueva, cruzando el puente Galata, menos turística y a comer un kebab “de verdad”. Las cosas vienen por separado y en vez de salsa de yogurt, es para beber mientras. Una cosa importante que nos dice es que el agua del grifo no es potable. 

Después vamos al barrio de Beşiktaş, un barrio con muchísima vida, cafeterías y un ambiente que no tiene nada que ver con la parte más oriental. Aprovechamos para probar los dulces típicos, fumar una shisha y visitar la mezquita de Ortaköy, que si pilla un día soleado es una auténtica pasada por la iluminación interior. 

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Al volver a la zona de Hagia Sophia ya está completamente abarrotada de gente. Es ramadán y está a punto de ser el último rezo, a partir del cual se permite comer. El ambiente es muy festivo, muchas familias comiendo entre las mezquitas, con puestos de comida, música… Un ambiente que te hace querer volver.


El siguiente día lo dedicamos al turismo más convencional, que incluye la mezquita azul, Hagia Sophia (que por cierto, cierra los lunes), la basílica cisterna (muy cara, pero impresionante btw), el crucero por el bósforo y unas cuantas compras en el gran bazar.

Al día siguiente el calor veraniego es insoportable, desde buena mañana es horrible estar en la calle. Seguimos con nuestro afán consumista por el gran bazar y por el de las especias. Entre el calor y el ramadán topamos con un comerciante bastante desagradable, que acaba gritándonos en turco y escupiéndonos según nos vamos. Por lo visto, es bastante habitual que haya conflictos durante el ramadán y más si provocas un poco su religión (y con ese calor horrible, la cantidad de ropa no era la adecuada según su religión). Cuando cierran el gran bazar un chico de uno de los puestos nos ofrece acompañarnos a dejar las bolsas (que entre los precios y nuestra afición por comprar, no son pocas) y quedarse con nosotras por el centro. Es curioso que el chico se pasa el ramadán por el forro, mientras va fumando y bebiendo por la calle, pero le parece mal la ropa que llevamos, llegando a decir “no te ofendas, pero vas vestida como una puta” a una de nosotras. También nos comenta que si él se casa, tiene que ser con una mujer musulmana que lleve velo y sea practicante. La hipocresía religiosa también está presente allí.

En general, Estambul es una ciudad preciosa, con muy buen ambiente pese a ser una ciudad tan sumamente grande. Por norma general, la gente es muy amable y respetan el que tu no quieras cubrirte por su religión, salvo en las mezquitas, que es obligatorio si quieres entrar. 

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Interrrail por los Balcanes (V) – Sofía y Plovdiv

Para llegar desde Belgrado a Sofía cogimos un tren nocturno de la época yugoslava, con 6 literas por compartimento. Siendo verano, el calor que hacía dentro era insoportable, por lo que venían las ventanillas abiertas y todo lleno de mosquitos. 9h de tren maravillosas, vamos. Al menos, nos sirvió para conocer a una pareja noruega y un chico canadiense que nos acompañarán en nuestro viaje. 

Al llegar a Sofía por la mañana y sin casi haber dormido nos atiborramos de café con nuestros nuevos compañeros de viaje. Nosotras teníamos cogido un airbnb allí. Tras no conseguir contactar con el casero de ninguna forma (os recuerdo que por entonces el roaming no estaba incluído!), nos acercamos al apartamento. El tío había dejado puesta la llave y se había metido un borracho a dormirla en el sofá. El tío no hablaba más que bulgaro, pero suponemos que el “GET THE FUCK OUT OF HERE” y “QUE TE PIRES” a gritos por las 3 locas españolas lo entendió, porque acabó largándose de allí. 

Justo encima del apartamento había un hostal. Nos acercamos a preguntarle al dueño si podíamos usar su wifi (sí, con todo el morro) para contactar con el casero y contarle lo que había pasado. El hombre no solo nos dio la contraseña, sino que además nos invitó a desayunar y nos contó sus batallitas. Para que luego digan que sonreír no abre puertas! 

De allí nos fuimos a hacer un free tour por el centro de la ciudad. Es sorprendentemente bonita para lo poco que se habla de Bulgaria en España. La ciudad es sumamente acogedora, la gente amable hasta decir basta y un ambiente nocturno que no tiene nada que envidiar a cualquier otra ciudad europea. 

Totalmente entendible, verdad?

Al día siguiente, nuestro plan era dormir en Estambul, pero haciendo parada en Plovdiv. Después de haber comprado el billete de metro para ir a la estación de trenes nos damos cuenta de que no llegamos al tren, que tenemos que coger el siguiente. Para cuando queremos volver, el billete se ha caducado, porque tienen una validez máxima de una hora. La señora que estaba vendiendo los billetes y la gente que estaba en información no son capaces de hablar con nosotras por el idioma, pero nos encontramos con un tío muy simpático que chapurrea bastante el inglés y que nos ayuda, no solo con el metro, sino que cambia su billete para venir con nosotras en el tren hacía Plovdiv. 

Taxis esperando en la estación…

Cuando llegamos, él nos dice que tiene libres 3h en la ciudad hasta que le vayan a buscar y que teniendo en cuenta los problemas con el idioma, si queremos nos acompaña y nos enseña lo más bonito. Para ser una ciudad de la que no habíamos oído hablar en la vida, es preciosa. Tiene mogollón de restos romanos, mezquitas y en general se respira muchísima historia allí. Definitivamente, un punto a tener en cuenta si se va a Bulgaría. 

Como curiosidad, para volver a la estación de tren, recoger las mochilas de una consigna (que si no llega a ser por este hombre, no encontramos) cogemos un taxi que nos cobra al cambio algo menos de 1€. 

Y de allí, la odisea que tuvimos que hacer hasta llegar a Estambul fue curiosa. Primero un tren hasta Yabalkovo, después un autobús hasta la frontera. Allí te registran el equipaje y el autobús recogió a la gente que venía de Budapest y de Bucarest. Y ya el último trayecto hasta llegar a Estambul a las 5AM. 

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Interrail por los Balcanes (IV) – Belgrado

Llegamos a Belgrado a las 5:30am después de 8h de bus sin haber dormido prácticamente. Con los ojos medio cerrados sacamos dinero flipando con lo devaluado que está el dinar y el taco de billetes que nos dan para ser 50€ al cambio…

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Ya en nuestro hostal, nos abre el dueño con un resacón digno de mención y nos dice que le da igual que nos echemos a dormir donde queramos. Tiene en el sótano un sofá cama y una cama pequeña donde nos podemos apalancar a dormir. O montar una fiesta, ya que eso tenía toda la pinta de haber servido para ello en algún momento.

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Ese día, lo dedicamos casi en exclusiva a descansar, ya que estaba diluviando y poco se podía hacer allí. Llegamos a ver el barrio bohemio, el parlamento, las cortes y la catedral. Al volver al hostal, el dueño tiene montada una fiesta con rakija en cantidades industriales, lo que explica el estado con el que nos abrió la puerta esa mañana… Además, tienen un cachorro de gato pupulando por la cocina más majo…

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Al día siguiente con las pilas recargadas (ventajas de dormir en el sótano, que no nos comimos la fiesta) aprovechamos para hacer el free tour (que si sigue siendo el mismo guía, merece muchísimo la pena!) y a pasear por río a ver la confluencia entre el Sava y el Danubio.

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Con la rakija necesitas que te digan dónde está la luna…

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En Belgrado el tema de la guerra de los balcanes no se nota para nada. Quitando un edificio que se mantuvo sin reconstruir, el resto de la ciudad está entera. En general, es una visita agradable,  ideal para una escapada de un par de días.

Como curiosidad, nos contaron que durante la guerra había días que el Sava bajaba rojo por la cantidad de sangre…

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Interrail por los Balcanes (III) – Sarajevo

4 años después, retomo mi actividad por el blog, por lo que es probable que la información que cuente no esté muy actualizada, ya que el viaje se hizo en el verano de 2014.

Saliendo desde Mostar fuimos a Sarajevo. Había dos opciones, ir en bus o ir en tren. El bus tarda muchísimo menos, pero nos recomendaron ir en tren por dos motivos, costaba la mitad y los paisajes que se ven por la ventanilla son una pasada. Nuestra siguiente parada desde Sarajevo era Belgrado, por lo que teníamos planificado pasar una noche en Sarajevo y salir a las 6am hacia allí, que es la información que encontramos en internet. Al llegar a Sarajevo se nos ocurrió preguntar en la estación y resulta que había otros 4 buses que salen desde otra estación que no es la central y que tenían mucho mejor horario. Así que, importante confirmar horarios en la estación.

La primera impresión que tuvimos al llegar a Sarajevo fue que qué estación más cutre. Antes de salir de allí ya nos habían dicho 2 personas que nos iban a robar por ser extranjeras. En la parada del tranvía hacía Baščaršija nos encontramos con que nadie hablaba ningún idioma comprensible y mientras nos intentamos entender para comprar el billete y confirmar qué tren coger (que entre el cirilico y la pronunciación del sitio en cuestión no es tan evidente), nos acosa gente para pedir dinero, que combinado con “os van a robar” fue un momento bestia de nervios.

Ya al llegar al centro no se ve tan cutre como la zona de la estación. Quitando las 4 calles principales, se siguen viendo edificios a medio reconstruir después de la guerra, agujeros de bala y en general un recuerdo de la guerra bastante presente, pero también una amabilidad en la gente impresionante. Toda esta zona es bastante bonita. Hay varias mezquitas, está todo empedrado y lleno de puestos tipo bazar.

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Tenemos la suerte de estar pasando por la puerta de una mezquita a la hora de oración, por lo que aunque no podamos entrar, sí que podemos ver cómo se vive la religión allí. Como teníamos curiosidad, nos acercamos a preguntarle a una chica si nos ayudaba a ponernos el pañuelo para poder entrar a la mezquita de una forma respetuosa. No solo nos ayuda, sino que nos resuelve todas las dudas que tenemos sobre el islam, nos presenta al imán de la mezquita y durante más de una hora está con nosotras enseñándonos su religión y contestando todo tipo de preguntas absurdas por nuestra parte. Muy buena forma de acercarnos e intentar entender una cultura de la que tanto se habla y tan poco se sabe.

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Nuestra visita a Sarajevo termina ahí, con una sensación muy distinta de cuando llegamos. El miedo y la inseguridad desaparecieron al rato de pasear por allí y nos permitió disfrutar de una ciudad que tiene muchísimo que ofrecer.

Para seguir hacia Belgrado, tuvimos que coger el bus 31E hasta la última parada, ya que la estación estaba a 12km de la ciudad.

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Interrail por los balcanes (II) – Mostar

[Julio 2014]Mostar es una ciudad en Bosnia-Herzegovina. Bosnia, aparte de ser uno de los desconocidos en Eurovisión, es uno de los países que formaba parte de Yugoslavia. Por desgracia, su independencia no fue tan bonita como la eslovena y tuvieron una guerra bastante sangrienta. Administrativamente el cómo quedo BiH es bastante caótico, está dividido en varias federaciones y entre ellas en cantones. Volviendo al tema, Mostar está en el cantón de Herzegovina-Neretva, dentro de la Federación de Bosnia-Herzegovina (que no es lo mismo que el país en sí). Lo más conocido de Mostar es su puente antiguo (stari most), que fue destrozado durante la guerra en el año 93.

La cantidad de simbolismo que tiene este puente es muy importante para la ciudad. Desde el simbolismo religioso al político tras la guerra, hace que sea algo muy querido por sus habitantes.

Para ir desde Dubrovnik hasta Mostar hay un par de autobuses diarios. Aunque haya poca distancia, tardan unas 2-3h en llegar, dependiendo entre otras cosas del tiempo que se tarde en la frontera en el control de pasaportes. Para los españoles, se puede entrar solo con el DNI. Una cosa curiosa es que en los autobuses no vale solo con tener billete, para dejar el equipaje hay que pagar también. En nuestro caso, nos habíamos gastado todo el dinero en kunas que teníamos y nos amenazaba el conductor con no dejarnos subir ya que nuestras mochilas “no habían pagado”. Al final, nos aceptó el dinero en euros (1€, que tampoco pedían mucho) y nos dejó montar al bus.

La estación de bus de Mostar está en el centro de la ciudad, haciendo que la primera impresión de la ciudad sea la de “dónde nos hemos metido?”, ya que se van viendo un montón de edificios destruidos por la guerra y una miseria que no nos esperabamos. Sin embargo, está lejos de la realidad, es una ciudad que nos encantó. Al llegar, el dueño del hostal nos estaba esperando en la estación y nos acompañó hasta el hostal, nos dijo dónde teníamos que ir y se portó más como el anfitrión de la casa que como dueño de un hostal.

La ciudad preciosa, el puente, las calles cercanas a él empedradas y lo cuidado que está esa parte es un contraste inmenso con lo que se ve al principio. Las fotos lo demuestran:

Stari Most
Stari Most
Vista desde stari most
Vista desde stari most

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Sinagoga judía
Sinagoga judía

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Interiores de una mezquita
Interiores de una mezquita
Interiores de una mezquita
Interiores de una mezquita
Interiores de una mezquita
Interiores de una mezquita
Interiores de una mezquita
Interiores de una mezquita

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Estación de tren de Mostar
Estación de tren de Mostar
Torre cristiana "yo la tengo más grande"
Torre cristiana “yo la tengo más grande”

Para nosotras, fue el primer contacto con un país de mayoría musulmana, encontrando en él una amabilidad extrema en la gente, tanto para contarte cómo viven, cómo habían vivido la guerra, para refugiarnos de la lluvia o para atender nuestras mil dudas tontas sobre su religión. Por hacer un poquito más de spam del hostal, al llegar la noche nos invitó a todos los que estábamos alojados a un café en la terraza, con sus 2h de conversación sobre todo lo que se nos ocurrió preguntarle.

Nuestra siguiente parada en el viaje fue Sarajevo. Para ir desde Mostar hay 2 opciones, en tren y bus. En este caso, el tren vale 5€ y el autobús 10€, el motivo es que el tren tarda bastante más, pero por el camino se van viendo unos paisajes que merecen mucho la pena.

Paisaje desde el tren a Sarajevo

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Interrail por los Balcanes (I) – Dubrovnik

[12-14 Julio 2014] Tras haber estado un curso viviendo en Eslovenia, tenía muchísimas ganas de conocer cómo eran el resto de países de Yugoslavia, habiendo estado solo en Croacia y Eslovenia. Y ya que estamos, por qué no alargar un poco más el viaje y recorrerse media Europa? Así que el itinerario que decidimos hacer fue: Dubrovnik, Mostar, Sarajevo, Belgrado, Sofía, Plovdiv, Estambul y Atenas.

Para empezar a planificar el viaje tuvimos bastantes problemas, ya que no hay mucha información en internet sobre trenes/buses y con nuestros conocimientos de lenguas eslavas, poco encontramos…

Para llegar a Dubrovnik desde España nos dejamos sangrar un poquito por Iberia. Los que hayáis viajado con Iberia y con Ryanair habréis podido comprobar que en los trayectos de menos de 3h30, son bastante similares. En este caso, había un niño llorando en el avión y como la primera clase está delante, tuvimos que ir todo el viaje aguantando al crío. Y he de decir que prefiero que te vendan de todo que aguantar a un crío llorando.

Para llegar desde el aeropuerto a la ciudad vieja de Dubrovnik no hay mucha perdida, hay unos buses directos (5€) que se pueden pagar con euros, por cierto. El único inconveniente es que salen cuando están llenos, así que a veces toca esperar en el aeropuerto bastante rato. En unos 20 minutos de viaje, se llega a la entrada a la ciudad antigua.

Como consejo, mirad a ver qué os sugieren en el alojamiento para llegar desde el centro. Nuestra experiencia es que decía que en 15 minutos se llegaba, lo que es una distancia razonable para ir andando. El problema es que Dubrovnik es escaleras. Todo. Y 500 escalones con el sol de las 3 de la tarde en julio, se hacen muy desagradables. Y más, cuando descubres que hay un autobús que te deja justo en la calle de arriba.

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Como excepción a lo que yo he vivido por Eslovenia, la mujer del hostal donde estábamos no hablaba casi nada de inglés, pero bueno, nos ofreció galletas y zumo para que nos repusiéramos de ese par de escalones.

Y tras descansar un rato, nos fuimos a dar una vuelta a la ciudad. Empezando por la ciudad antigua, la catedral y palacios y acabando la visita en la muralla. La muralla es algo que hay que ver, cosa que ellos también saben y se han encargado de demostrar en el precio de la entrada.

La muralla se puede recorrer entera por el adarve, siendo completamente distinta a las murallas castellanas a las que estoy acostumbrada. Las vistas del mar desde lo alto y el tipo de construcción (y para los más frikis, escenarios de Desembarco del Rey) es una pasada.

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Y tras una tarde viendo las cosas gratuitas + muralla, damos por concluido lo que hay que ver en Dubrovnik. Las recomendaciones de viaje sugieren ir a visitar alguna isla de las cercanas. El resto del día lo invertimos en hacer fotos nocturnas del casco antiguo.

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El segundo día por allí fuimos a ver el puerto moderno, aprovechando para sacar los billetes de bus antes de que gastaramos todo el dinero en efectivo. Así como ironía, en la estación tienen un cartel enorme de Mastercard en el que dicen la cantidad de sitios de Croacia donde se puede pagar con tarjeta. La estación de buses no es uno de ellos…

El volver desde el puerto hasta la parte antigua es un paseíto muy agradable, así, sin escaleras y tal. Aunque ya habíamos visto la parte antigua, es una zona tan bonita, que merece la pena volver a pasar por ella. Aprovechando para visitar los palacios que estén abiertos, parar a ser sableado cual turista por tomar algo por allí y luego irse a la playa.

Lo de las playas de Dubrovnik es algo que aún no descubrimos donde dicen que están las decentes, porque todo lo que vimos eran playas pequeñas, de piedras y no excesivamente apetecibles. Que para un “no hay huevos a meterse vestidas” sirve, eso sí.

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Y tras eso, nos vimos en la obligación de irnos al hostal a cambiar de ropa y ya quedarnos para poder madrugar y estar a las 7 de la mañana en el bus a Mostar.

Como conclusión sobre Dubrovnik, es una ciudad que está muy sobrevalorada. Es hipercara comparándolo con el resto del país que conozco. La parte antigua es bonita, pero no hay tanto que ver como para dedicarle 3 días a la ciudad, a no ser que te dediques a ir a la playa.

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Cuevas de Skocjan y Trieste

[Puente de Mayo. 2014] Aprovechando que había puente y que cualquier excusa es buena para viajar, también tocó una escapada en estas fechas.

En este caso, vino un amigo a verme a Maribor, por lo que la mayor parte del viaje no la contaré, ya que está contado en otras entradas del blog.

Para volar a Maribor desde Madrid lo más cercano es volar a Graz, aunque te dejas un riñón en ello. Para empezar el viaje, le fui a buscar al aeropuerto, visitamos Graz (ver entrada Viaje de Semana Santa), fuimos hasta Klagenfurt y Bled.

Así como regalo una foto de Bled, que no es mía, pero es digna de compartir:

Bled

Klagenfurt lo vimos desde el coche, ya que la ciudad en sí no tiene mucho que ver y queríamos llegar antes de que anocheciera a Bled. Lo que sí que es bonito de la zona es el paisaje, entre otras, la carretera que hay para ir directamente a Eslovenia desde allí, una carretera de montaña preciosa. También se puede ir hasta Villach y coger la autopista, pero pierde encanto…

En los siguientes día visitamos Maribor, Zagreb y por último, que da nombre a la entrada, fuimos a las cuevas de Skocjan y a Trieste.

Las cuevas de Skocjan están dentro de la lista de patrimonio de la UNESCO, pero para mi gusto, prefiero las de Postojna.

Estas cuevas están casi en la frontera de Eslovenia con Italia, lo cual se va notando en el clima, aunque no se nota mucho dentro de la cueva. Lo más característico de estas cuevas es el río Reka por dentro y la altura a la cual se va visitando. La mayor parte de la visita se va haciendo al lado de río, hasta pasar por un puente en el cual parece que te va a salir Gandalf a gritar “Huid insensatos!!!”

A lo largo de la visita se va viendo cómo ha variado el nivel del agua a lo largo del tiempo, aparte de las esperadas estalactitas y estalagmitas.

La salida de la cueva si que es más impresionante que la de Postojna, ya que se sale andando de la cueva en vez de con el trenecito por una tienda de recuerdos… Para volver a la zona de aparcamiento hay un paseo bastante agradable si se quiere hacer la versión corta en ascensor y un paseo algo más largo para subir andando. De toda formas, en ambas versiones, merece la pena acercarse a ver la cascada que está a 200m de la puerta.
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En definitiva, para una visita a Eslovenia en la que se quieran escoger unas cuevas para visitar ninguna de las dos está mal. Yo prefiero Postojna porque me parecen más impresionantes al ser tan grandes, pero el tema del río y que haya poco turismo es algo que llama muchísimo.

A la hora de la comida, fuimos hasta Trieste. Desafortunadamente el tiempo no nos acompañó, lo que en una ciudad costera es una faena. De lo que pudimos ver bajo el paraguas, Trieste no está mal para pasar una tarde. Recuerda levemente a la arquitectura de Venecia, aunque mucho menos cuidada que allí. Y tras pasar un rato en Triste, acabamos la tarde visitando Ljubljana también bajo el paraguas.

Comentar algo curioso y es que allí el día 1 de Mayo se hacen hogueras (algo parecido a nuestras hogueras de San Juan), aunque no sé por qué y a la gente eslovena que le pregunté tampoco me supo contestar. Lo único que encontré en google es que esa es la noche de Walpurgis, pero no sé si tiene relación con las hogueras esa noche.

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Kranjska Gora

[Mayo] Justo para acabar el erasmus fuimos a pasar un fin de semana en la montaña eslovena. Salimos de Maribor con 30º, cual guiri en pantalón corto y camiseta. Cuando llegamos a Jesenice vemos que toda la gente del vagón empieza a ponerse abrigos y nos quedamos con una cara de “dónde nos hemos metido, qué frío vamos a pasar”. Hasta Ljubljana fuimos en coche, por la misma autovía que ya habíamos visto mil veces. El tramo de tren entre Ljubljana y Jesenice tiene paisajes que enamoran, entre ellos la vista del río Sava, tan azulito que parece pintado por un niño.

Para el que no lo sepa, Eslovenia tiene un cachito de alpes en la zona que pega con Italia y Austria, los llamados alpes julianos. Allí está el parque natural del Triglav, que es el monte más alto de eslovenia. Para hacerse una idea, a los eslovenos les gusta tanto el Triglav que sale hasta en sus monedas.

Esa tarde fuimos a ver las pistas de Planica donde se hacen los campeonatos de salto de ski, que según tengo entendido, sino son las más grandes, son de las más grandes del mundo.  Lo malo que tiene el ir en mayo es que ya no había nieve.

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Aporvechando que estabamos tan cerquita de la frontera, fuimos también al lago di Fusine, en Italia. Continuando con la ruta de los lagos, al lago zeleno (que en esloveno significa verde) y es el nacimiento del río Sava Dolinka. Para acabar, en el mismo Kranjska Gora hay otros 2 lagos que incitan a meterse hasta que compruebas la temperatura del agua.

Lago di Fusine

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Lago en Kranjska Gora

Para dormir, lo hicimos en Godz Martuljek, en un marco incomparable. Despertarse y ver los alpes, andar un poquitín y tener un río azulito allí y la tranquilidad que da la montaña es algo que no se puede pagar.

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Para empezar el día fuimos a las pistas de ski de Kranjska Gora, que aunque no haya nieve, tienen un tobogán de verano por el que te puedes tirar en una especie de “trineo” con railes. Al menos, sueltas adrenalina según bajas 🙂

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Después de comer, hicimos una pequeña ruta por la montaña. Desde Gozd Martuljek subimos directamente hacía unas cascadas que hace el río Sava. Para nuestra sorpresa, en lo alto de la montaña tienen un refugio que da comidas y tiene servicio de bar, algo peculiar. Todo lo que hacen y todo lo que sirve es con cosas que han cogido en la montaña. Los zumos son completamente naturales con agua del río, las tartas con raices y plantas de la zona. Cerquita de este “bar” hay una capilla en la que también te puedes casar. Tiene que molar casarse en botas de montaña en lo alto de una montaña en los alpes y luego hacer un banquete totalmente ecológico. Quizás para los invitados que tengan que subir andando no les hace gracia, peeeeero…

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Ya por la noche, nos quisieron enseñar también el ocio nocturno de la zona. Uno de los sitios más famosos es el casino de Kranjska Gora, que tiene un montón de espectaculos. Pero no podemos ir porque a sus empleados no se les permite entrar más que para trabajar.

Por lo que nos fuimos de fiesta a Bled. La primera vez que fuimos no nos imaginamos que la mayor fiesta de la zona fuera allí, porque no es un pueblo tampoco muy grande. El caso es que sí, hacen un montón de fiestas privadas y hay muchos bares para tomar algo. Tienen también un casino donde poder dejarse los cuartos. BTW, las bebidas mientras juegas son gratis, así que tampoco es mala idea ir y jugar 5€ entre todos.

Nos llamó la atención que celebraban una fiesta en honor a Tito. Nunca pensamos que un dictador pudiera ser tan querido como lo es él y más teniendo en cuenta que Eslovenia fue el primer país que se independizó de Yugoslavia.

Y para acabar nuestro fin de semana en modo pijo, hicimos una vuelta al lago de Bled en calesa. Era fiesta nacional relacionada con la juventud, por lo que los alrededores del lago estaban con puestos, atracciones y cosas para niños (y no tan niños ;)). Y lo que nosotras aprovechamos fue a probar los dulces típicos de la zona, que aún no habíamos probado, para reponer fuerzas e ir remando a la isla.

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La propia isla es un poco decepción, tienen una iglesia a la cual te cobran por entrar y ya. Lo único que el cacho hasta la isla es muy bonito de ir remando, las vistas y la tranquilidad del lago.

En resumen, la naturaleza que tienen en Eslovenia es digna de ir. Ya sea en verano a disfrutar de un clima no agobiante (e incluso pasar un poquito de frío) o en invierno a disfrutar de la montaña y todas las actividades que se pueden hacer. Que aunque se sea muy vago, siempre se encuentra algo que hacer allí.

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